sábado, 19 de septiembre de 2009

Nuevo insecto depredador

BIOMIP, empresa surgida de la Universidad de Almeria y dedicada a la producción y comercialización de insectos auxiliares para la agricultura, ha logrado producir un nuevo parásito resultante contra la plaga del pulgón, dañina en la mayor parte de productos hortofrutícolas. Conocido bajo el nombre de Lysiphlebus testaceipes, consiste en una diminuta avispa parásita que actúa contra este tipo de plagas.
Manuel Pérez, gerente de BIOMIP, destaca la espectacular adaptación de esta especie a las condiciones ambientales del interior de los invernaderos.


Fuente: Revista "Buenas y nuevas"

Plantas que depuran el agua

Pedro Tomás Delgado, un joven extremeño de 24 años, ha creado un nuevo e ingenioso método para la potabilización de aguas residuales en África. De esta manera, ha logrado producir de forma intensiva un tipo de planta conocida como "MACROFITAS" (plantas en cuyas raices se adhieren unas bacterias que absorben las cargas contaminantes que hay en el agua, depurándola) que regeneran estanques, presas y rios. Son tan ínfimos sus costes que se han aplicado en la depuración de un tramo del río Níger. Este joven es el creador de la empresa Aquaphytex cuya página web es la siguiente: http://www.aquaphytex.com/.
Esta empresa localizada en Extemadura es la encargada de la producción de macrofitas.

Fuente: Revista "Buenas y nuevas"

viernes, 28 de agosto de 2009

La Batalla de Flores

La batalla de flores es la fiesta popular más importante de la localidad cántabra de Laredo. Se celebra el último viernes de agosto desde el año 1908 y está declarada de interés turístico nacional desde 1965. Consiste en un desfile de carrozas cuyos armazones se adornan con flores y pétalos naturales, formando motivos alegóricos, durante el cual un jurado emite una clasificación designando a una de ellas como ganadora. Es una fiesta que desde sus orígenes ha destacado por su brillante combinación de motivos lúdicos y artísticos.
Las flores son el factor fundamental y elemento distintivo de la Batalla, las flores deben cubrir la mayor parte de la superficie de las carrozas, siendo la técnica de "clavado" y la armonía en la disposición de los colores elementos importantes en la valoración final de las alegorías. Originalmente usadas margaritas y crisantemos, se utilizan en la actualidad dalias, claveles y clavelones chinos, a los que recientemente se ha añadido la margarita teñida.
La ardua preparación de las flores comienza en los meses de noviembre y diciembre, cuando se extraen los bulbos de la dalia y se clasifican. Después, en marzo y abril, se preparan los ramilleros del clavelón para transplantarlos en junio, mientras que en mayo se plantan los bulbos de las dalias. A continuación, y a lo largo de todo el verano, se efectúan el “sayo” y el “resayo” de las flores y su constante regado, hasta su recolección en la semana de celebración de la Batalla.
En primer lugar se recoge la hoja del magnolio (antiguamente se utilizaba la de la hiedra), unos días antes de la fiesta; a continuación la flor del magnolio (el miércoles), finalizando con la dalia (la víspera).
Una vez recogidas y clasificadas por colores, y a lo largo de toda la noche del jueves, docenas de personas se encargan, en cada carroza, de fijarlas a las figuras. Originalmente pegadas con pez, ahora se sujetan con clavos y palillos de madera. Los pétalos, reservados para elementos delicados (rostros, por ejemplo), se pegan con una cola expresamente fabricada a base de harina y agua (la técnica se denomina “empetalar”).

Fuente: http://www.wikipedia.org/



viernes, 17 de julio de 2009

Lithops

Lithops es un género de plantas suculentas con 109 especies pertenecientes a la familia Aizoaceae. Se denominan piedras vivas o planta piedra derivando su nombre del griego: "lithos" (piedra) y "ops" (forma).
Forman grupos de dos hojas acopladas, divididas por una fisura por donde aparecen las flores. Cada par de hojas forman el cuerpo de la planta que tiene forma cilíndrica o cónica con una superficie plana. De la fisura entre las hojas brota, en periodo vegetativo, las nuevas hojas y en cuanto se abren, las antiguas se agostan. Las especies varían en su coloración, siendo de color verde, violáceo o rosa y pueden estar manchadas, estriadas o punteadas. Frecuentemente presentan "ventanas" que corresponden a pequeñas zonas transparentes o traslúcidas sin clorofila, a través de las cuales le llega la luz a la parte de la planta que permanece enterrada.
Las flores aparecen en otoño y son blancas o amarillas, en forma de margarita, son más grandes que el cuerpo de la planta y se abren de noche.
Son fáciles de cultivar, necesitan luz solar indirecta o bastante claridad. Los excesos de riego le perjudican y se deben evitar en periodo de floración. Se propaga por semillas o esquejes.
Fuente: Wikipedia

domingo, 12 de julio de 2009

José Celestino Mutis

José Celestino Bruno Mutis y Bosio nació en Cádiz, en el año 1732. Médico y botánico español que figura entre los más destacados iniciadores del conocimiento científico en el Nuevo Mundo. José Celestino Mutis estudió medicina y cirugía en el Colegio de Cirugía de su ciudad natal, que fue un centro de renovación médica a la vanguardia de la ciencia aplicada en España. Sin embargo, como dicha institución no estaba autorizada a otorgar el grado de bachiller en Artes y Filosofía, Mutis tuvo que terminar su carrera en la Universidad de Sevilla. Una vez concluidos sus estudios, se vinculó, durante cuatro años, al Hospital de Cádiz.
Se interesó entonces por la astronomía y la botánica. En realidad, en su período de formación, Mutis tuvo excelentes preceptores: Jorge Juan fue, junto con Antonio de Ulloa, el gran pionero del redescubrimiento científico de América, y Barnades fue el protagonista del renacimiento de la ciencia botánica en la Península. Cuando Mutis recibió el título de médico del Real Proto-edicato de Madrid, contó con la tutela de Andrés Piquer, la mayor eminencia de la medicina española de la época.
Mutis se desempeñó como suplente de la cátedra de anatomía del Hospital General de Madrid y perfeccionó sus conocimientos botánicos en el Jardín del Soto de Migas Calientes. En 1760 rechazó una beca de especialización en París y partió para América como médico particular del recién nombrado virrey Pedro Messía de la Cerda, pues entendió que en el Nuevo Continente podría consagrarse como científico, dedicándose especialmente al conocimiento de las quinas. Deseaba desentrañar algunas de sus incógnitas, establecer sus reales propiedades curativas, sus limitaciones terapéuticas y sus potencialidades económicas. En los primeros años de su vida en Santafé, abrigaba la idea de viajar a Loja, en la provincia de Quito, para cumplir con tales investigaciones.
José Celestino Mutis partió de España rumbo a América el 7 de septiembre de 1760, y llegó a Santafé el 24 de febrero de 1761. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botánica o zoológica. También le sorprendió el ambiente cultural y social: la educación superior era una copia de las instituciones educativas metropolitanas, especialmente de la contrarreformada Universidad de Salamanca, y se hallaba encomendada a las distintas órdenes religiosas. Desde que Mutis desembarcó en Cartagena se preocupó por adelantar observaciones astronómicas, recolectar plantas con las que fue formando un herbario, comprobar gran parte de lo consignado en obras escritas sobre América y estudiar la quina. Al año y 17 días de su llegada a Santafé, sentó las bases de la revolución científica e ideológica en el Virreinato de la Nueva Granada cuando, en el discurso inaugural de la cátedra de matemáticas del Colegio Mayor del Rosario, expuso los principios elementales del sistema de Copérnico.
Mientras llevaba a cabo sus aventuras comerciales y sus disputas con López Ruiz, el sabio Mutis continuó con sus trabajos de investigación en botánica, especialmente en el campo de las plantas útiles, que era aquello que más interesaba a la Corona. Además, mantuvo una nutrida comunicación con científicos europeos, como Carlos Linneo, Carlos Alstroemer y Antonio José Cavanilles. Fue designado académico de Upsala y algunas de sus reseñas científicas fueron publicadas en revistas suecas.
En 1777 envió una colección de plantas disecadas al Jardín Botánico de Madrid y otra a Linneo. Formó una voluminosa biblioteca, entre seis y ocho mil volúmenes, especialmente de botánica (unos tres mil ejemplares), que el sabio alemán Alexander von Humboldt juzgó comparable a la de míster Banks, presidente de la Real Sociedad de Londres.

La Real Expedición Botánica
En 1776, España creó la primera Real Expedición Botánica, en el Perú; en ello tuvieron mucho que ver los conceptos que el famoso marino español Antonio de Ulloa lanzó en su libro Noticias americanas (1772) acerca de la conveniencia económica, científica y cultural para la metrópoli de conocer en profundidad el continente americano. En 1783 el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora creó la Real Expedición Botánica del Virreinato del Nuevo Reino de Granada y nombró a Mutis como su director, con una asignación anual de dos mil pesos.
Durante los seis meses que van de abril a septiembre, la expedición funcionó provisionalmente y tuvo su sede en La Mesa de Juan Díaz; el equipo humano inicial fue reducido: el sabio, como director, Eloy Valenzuela, como segundo, y Antonio García, como dibujante. Luego se incorporaron, como herbolarios, el indígena Luis Esteban y el campesino Roque Gutiérrez.
El 23 de noviembre de 1783, la expedición fue confirmada por real cédula y se trasladó a Mariquita. Esta población resultaba bastante propicia para adelantar las labores de inventario de la expedición: se asentaba entre dos cordilleras, su comunicación con Santafé no era difícil y era paso obligado en la vía que enlazaba la capital con el principalísimo puerto de Honda, hecho que favorecía las labores comerciales, además de situarse también cerca de un centro minero de relativa importancia, donde era factible ensayar las diversas técnicas de minería.
La Real Expedición permaneció ocho años en Mariquita, hasta que el virrey José de Ezpeleta decidió que para su mayor control debía ser reubicada en Santafé, con lo cual el ambiente cultural de la capital virreinal se vio fortalecido. Se formó así la Casa Botánica, que funcionó hasta 1816, cuando las tropas de la reconquista española la cerraron definitivamente, remitiendo su patrimonio científico a España.
En Mariquita la expedición se reorganizó poco a poco. Se crearon cargos con funciones muy definidas: los comisionados, personal de confianza de Mutis y del virrey, emprendían largas excursiones a diversas partes del virreinato, para reconocer y recolectar minerales o plantas diferentes a las ya conocidas, pero también para acumular datos y observaciones científicas; se destacaron fray Diego de García, Pedro Fermín de Vargas, Bruno Landete, el geógrafo José Camblor y Francisco José de Caldas.
Los botánicos debían recoger muestras exclusivamente botánicas y eran acompañados de uno o varios herbolarios que ejercían funciones auxiliares. Los pintores se encargaban de copiar las plantas recolectadas sin omitir el más mínimo detalle y con la mayor perfección posible. A partir de 1791, existieron agregados científicos como Francisco Antonio Zea, Juan Bautista Aguilar, José y Sinforoso Mutis, y de igual forma se creó el cargo de oficial de pluma, que ejerció José María Carbonel. Así, de los tres puestos creados inicialmente, la Real Expedición llegó a contar en 1808 (año de la muerte de José Celestino Mutis) con un total de 35 personas.
Tradicionalmente se ha insistido en que la coyuntura para que el arzobispo-virrey se decidiera a formar la Expedición Botánica en el virreinato fue la solicitud de unos científicos alemanes para recorrer los territorios de la actual Colombia. Como parte de las labores asignadas, Mutis debía enriquecer las colecciones botánicas del Gabinete de Historia Natural y del Jardín Botánico de la Corte mediante permanentes remisiones de semillas y raíces vivas de las plantas y árboles más útiles, sin omitir observaciones geográficas y astronómicas y la redacción de La flora de Bogotá.
Todo ello es cierto, como también lo es que en la iniciativa de la expedición jugó un papel determinante la Revolución de los Comuneros de 1781 y que los comisionados debían informar y evaluar social, política y económicamente los distintos pueblos y provincias del virreinato, con el fin de que la Corona pudiera tener una idea de las distintas situaciones y poder aplicar correctivos.
El aspecto más importante de la Expedición Botánica fue su contribución a la conformación y consolidación de una clase culta criolla, toda vez que muchos de sus miembros fueron próceres de la Independencia y que en torno de la expedición giraron las grandes figuras de la política de la Primera República.
Los resultados científicos y económicos son más relativos, pues, si bien se coleccionaron 5.393 láminas magistralmente realizadas, compuestas por 2.945 estampas en color y 2.448 dibujadas a pluma, que representan 2.696 especies y 26 variedades, muchas de ellas no tienen la descripción correspondiente, no hay clave alguna de tal iconografía y no se conoce una correspondencia entre las láminas y el herbario. Su aporte a la taxonomía nacional actual es prácticamente nulo, ya que sólo ocho géneros y especies han conservado la denominación dada por Mutis: Barnadesia, Beforia, Ezpeletia, Ternstroemia, Vallea, Spilanthes americana, Aristolochia cordiflora y Sericotheca argentea.
La flora de Bogotá nunca se publicó en vida de Mutis. El sabio no la pudo concluir, disperso en infinidad de ocupaciones y fracasadas aventuras comerciales, como la organización de la factoría y estanco de la quina, basado en un meticuloso estudio que luego de 25 años de investigaciones dio como resultado el libro El arcano de la quina, obra aparecida inicialmente en el Papel Periódico de Manuel del Socorro Rodríguez y que es el único trabajo terminado de Mutis, en el que diferenció cuatro especies de quina: anaranjada, roja, amarilla y blanca, las cuales distinguió unas de otras según las reglas botánicas y su aplicación médica.
Con anterioridad, había escrito un proyecto de estanco de la quina, en el cual llamó la atención sobre la necesidad de racionalizar al máximo posible la explotación del producto. También intentó aclimatar los canelos de los andaquíes, que bien pronto se secaron, promover en la Corte el amargo té de Bogotá, que no fue aceptado en los mercados europeos, resolver consultas oficiales, trazar y dirigir políticas sanitarias y de minería, reformar los estudios de matemáticas del Colegio del Rosario e implantar los de medicina, de acuerdo con los logros del momento. Mutis murió en Santafé, el 11 de septiembre de 1808, a los 76 años de edad.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/

domingo, 28 de junio de 2009

Cerca del Agua te quiero llevar


Cerca del agua te quiero llevar
porque tu arrullo trascienda del mar.

Cerca del agua te quiero tener
porque te aliente su vívido ser.

Cerca del agua te quiero sentir
porque la espuma te enseñe a reír.

Cerca del agua te quiero, mujer,
ver, abarcar, fecundar, conocer.

Cerca del agua perdida del mar
que no se puede perder ni encontrar.


Miguel Hernández






lunes, 15 de junio de 2009

Hibiscus rosa-sinensis

Así como la rosa es la flor por excelencia de las zonas de clima templado, podríamos decir que el hibisco lo es en aquellas de climas subtropicales y tropicales. En nuestro país su popularidad es manifiesta en las Islas Canarias, lógicamente, y en todas las zonas del litoral de la Península y Baleares, que son las que tienen los climas más benignos.
Las especies más conocidas son, sin duda, Hibiscus rosa-sinensis, popularmente "Rosa de China", e Hibiscus syriacus, popularmente "Rosa de Siria o Althea", pero existen algunas otras especies, menos cultivadas y algo menos conocidas quizás, no menos interesantes.
El género Hibiscus pertenece a la familia Malvaceae, y está formado por plantas herbáceas, anuales o perennes, arbustos, subarbustos y árboles, con las hojas enteras o a veces lobuladas o partidas. Sus flores son axilares, generalmente solitarias, aunque a veces se disponen en racimos, corimbos o panículas. Tienen un epicáliz con 4-20 segmentos, separados o a veces unidos basalmente o al cáliz, que es generalmente acampanado, con 5 lóbulos. La corola tiene 5 pétalos mucho más grandes que el cáliz. Los estambres están unidos formando una columna estaminal que en ocasiones puede sobresalir notablemente a la corola. El fruto es capsular. Comprende alrededor de 200 especies de zonas tropicales y cálidas. Su nombre proviene del griego Hibiskos, nombre dado al malvavisco común en la época de Dioscórides y Plinio.
Además de su interés en jardinería, de algunas especies tropicales se obtienen frutos comestibles, fibras, sustancias medicinales e incluso madera, deduciéndose, por tanto, que estamos ante un grupo de plantas de cierta importancia económica, aunque bien es verdad que exceptuando el aspecto ornamental, su importancia es casi siempre de carácter más o menos local.
Desde la introducción del hibisco en Europa en el siglo XVIII, han sido obtenidos muchos híbridos, principalmente en Hawai y Florida, pudiéndose cifrar en varios cientos los cultivares actuales, la mayoría de ellos desconocidos en nuestro país. Las dos especies más hibridadas son Hibiscus rosa-sinensis, muy utilizada en climas tropicales y subtropicales, e Hibiscus syriacus, más utilizada en climas templados y fríos.

Muchos de los hibiscos cultivados en nuestro país normalmente no llegan a formar semillas, por lo que debe acudirse a la reproducción por métodos vegetativos que, por otra parte, son los únicos que garantizan una uniformidad en la producción. Los esquejes, acodos aéreos e injertos son métodos a emplear en unos u otros casos, siendo el primero de ellos el más utilizado y no ofreciendo especiales dificultades su realización. Preferentemente deben utilizarse esquejes de madera tierna o semidura. El empleo de hormonas de enraizamiento, aunque no se hace imprescindible, si es aconsejable. El período de enraizado puede durar de 4 a 6 semanas, y durante el mismo es conveniente mantener altos niveles de luz y humedad.
En cuanto al cultivo, aunque son en general plantas que no requieren cuidados especiales, si debe cuidarse al menos el riego y la fertilización, pues ello redundará en el verdor y la floración de nuestros hibiscos.
Los hibiscos necesitan agua abundantemente, produciendo su escasez la defoliación de la planta en algunas especies o la sensación de marchitez de las hojas en otras. Por ello, los riegos deben ser más o menos frecuentes, dependiendo de la naturaleza del suelo. Del mismo modo, la adecuada y regular fertilización con un abono de equilibrio 2:1:2,5 mantendrá cubiertas perfectamente las necesidades de la planta, ya que al parecer el potasio favorece notablemente la floración.
Respecto a las plagas y enfermedades, los hibiscos son plantas que no tienen especiales problemas, siendo las plagas más frecuentes los pulgones, araña roja y mosca blanca, ésta última en el caso de aquellas especies con hojas tomentosas. Los tratamientos a aplicar son los normales y específicos para estos tipos de insectos, por lo que no entraremos en más detalles.